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Fortún Garcés (870-905)
Hijo de García Iñiguez, tras cuya muerte, en 870, accede al trono navarro. Sin embargo, en esa fecha y desde 860, se encontraba preso por los árabes, en Córdoba. La regencia la asumió, García Jiménez de la familia Jimena.
En 880, fue liberado, haciéndose cargo del reino. A pesar de que su padre había abandonado la relación con los gobernadores musulmanes del valle del Ebro, la poderosa familia Banu Qasi, Fortún volvió a restablecer esta alianza. La razón hay que buscarla, en que los Banu Qasi, tradicionalmente hostiles al poder de Córdoba, se habían reconciliado con el mismo, atacando conjuntamente, al reino navarro. Así pues, esta alianza era fruto de la búsqueda de la supervivencia del reino.
Sin embargo, este cambio de aliados, provocó que el rey asturiano, Alfonso III, impulsase un golpe de estado en el reino navarro, que supuso, el derrocamiento de Fortún en el 905, y el ascenso al trono de Sancho Garcés I, hijo de García Jiménez, el regente del reino, durante el apresamiento de Fortún, por lo que la dinastía Jimena se instalaba en el poder del reino navarro.
Fortún moriría un año después en 906.